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Los autores representan el colectivo más perjudicado por la piratería. Las medidas de proteccionismo, aquéllas diseñadas para salvaguardas sus intereses, sólo han producido polémica. Ejemplo de ello, es el Canon y la disposición primera final de la Ley de Economía Sostenible -ley antidescargas- cuyos principales detractores son los usuarios, los potenciales consumidores.
No obstante, todos necesitamos percibir un salario para vivir dignamente. Sobre todo cuando una persona quiera dedicarse completamente al mundo de la música. ¿Por qué? Porque no es fácil despuntar en un ambiente tan competitivo y restringido. Vosotros, autores, lo sabéis más que nadie. La situación empeora cuando las pequeñas discográficas apenas consiguen el dinero suficiente para publicitaros en diferentes medios de comunicación, por ejemplo.
Sabemos de buena tinta que hay muchísimos talentos que, por falta de recursos económicos, no tienen una potente promoción y, por tanto, no consiguen conciertos para vivir de su trabajo. Añadido a esto, la demagogia se ha instaurado en la red: “acceso y libre distribución de la cultura”, propugnan algunos. Como artista, ¿cómo piensas vivir si regalan tu música?
La situación debe cambiar ya. Y nosotros queremos proponerte una solución: “Cultura Multimedia Ahure”. ¿En qué consiste? Es un gestor contenidos multimedia que nace tras un estudio de siete años de las debilidades y potencialidades de la red. Este sistema, que se encuentra en plena fase de programación, se presenta como la alternativa real y viable para facilitar a los usuarios de Internet toda la información que demanden de forma gratuita.
Estos contenidos, en su mayoría audiovisuales, son el principal campo de actuación de la piratería: música, películas, libros, software, etc. La pauta que diferencia Ahure de otras propuestas -como Spotify- es la remuneración justa vuestro trabajo, como creadores, a través de un innovador concepto de mercantilismo (un sistema de publicidad propio), protegido por una patente de tipo PTC –patente de tipo software, válida a nivel mundial-.
¿Te gustaría vivir de tu trabajo? ¿Estás harto de que se aprovechen de ti? Ahora es el momento. En Ahure te garantizamos que tu obra será publicitada al máximo de público posible y tú recibirás tu correspondiente compensación económica.
Te invitamos a que nos conozcas y formes parte de Ahure. Queremos que aparezcas en nuestro catálogo multimedia, es decir, que tu nombre figure en la lista de los contenidos que ofreceremos a todos los internautas cuando lancemos la BETA.
¿Qué te parece la idea? ¿Te gustaría saber más?
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Hace unos días os preguntamos vuestra opinión respecto a la piratería. Quizás la mayor parte de los cibernautas, en alguna ocasión, haya pensado en “piratear” algún archivo para ahorrarse unos eurillos. Y, más, en los tiempos que corren. La crisis mundial ha agudizado las barreras económicas, por lo que el acceso al conocimiento y el ocio se reserva para aquellos que pueden pagar por él. O para los que se atrevan a piratear…
Piratear es un delito, pero una clara manifestación de que la demanda existe, que la sociedad quiere consumir este tipo de contenidos. Por tanto, la guerra abierta a los usuarios, que son los que constituyen la Red, es un craso error. Pero tampoco es coherente que los autores pierdan dinero o que otros se lucren a costa de sus trabajos, porque de algo tendrán que vivir. Entonces, ¿cuál es la solución? ¿Se puede acabar con la piratería?
Para no ser tachados de spammers, no contestaremos abiertamente a esta pregunta. Pero no podemos negar que nos traemos entre manos una herramienta que será capaz de gestionar obras, ofrecerlas a los usuarios de forma gratuita y remunerar a los artistas que formen parte de dicha herramienta –incluso, aunque sus obras se usen en espacios públicos-.
Sí, su nombre es Cultura Multimedia “Ahure” (como este blog,
); un proyecto que lleva desarrollándose desde hace cinco años, y cuyos procesos contribuirán a una nueva concepción del consumo de cultura. Hay que tener en cuenta que la Red permite a los artistas y autores una promoción a gran escala; una promoción que exige el mercado. ¿A quién no le gusta escuchar música? ¿Quién no disfruta viendo películas en el sofá de su casa? ¡Todos queremos estar informados!
El jueves tenemos una cita en el Ministerio de Cultura. Expondremos el lógico planteamiento del sistema y veremos qué postura adopta la Administración. Ésta es la oportunidad que estábamos esperando. Ahora sólo falta que nos presten atención y que acepten que éste es el nuevo modelo. El modelo digital de consumo de cultura multimedia.
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Ahure es un gestor de contenidos multimedia hecho por y para los usuarios. Por ello, queremos conocer vuestras opiniones para mejorar el proyecto.
Gracias por vuestra colaboración.
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La sociedades privadas de gestión de derechos de autor -que, curiosamente, siendo privadas están respaldadas por el Gobierno-, tienen como objetivo principal proteger los intereses económicos de los autores. Unos intereses que “peligran” con el surgimiento de las webs streaming y sus innovadores reproductores audiovisuales. Su método a la hora de salvaguardar la propiedad intelectual consiste en tarificar el uso y disfrute de una obra. Pero para formar parte de dichas sociedades, hay que pagar una cuota de socio. En muchos casos, el autor no percibe absolutamente nada por pertenecer a este tipo de entidades. La seguridad, en todo caso.
No obstante, el objetivo de todo autor es que su obra llegue a todas las audiencias. E Internet se presta a ello. El crecimiento exponencial de usuarios de Internet es una realidad imparable, incentivado por los que creen en la red como un vasto mercado a explotar. Actualmente, se estima que 3.000 millones de personas son cibernautas. Y lo que queda. Publicitarse a través de Internet posibilita la captación de potenciales consumidores. Pero si se sabe hacer bien, por supuesto.
He aquí donde encontramos el error en el que incurren las entidades privadas de gestión de derechos de autor: no asumen el potencial del entorno digital. En el 2008, recaudaron 7.035 millones de euros, sólo un 1,5% menos que en 2007. Sobrellevaron bastante bien la crisis económica. Por supuesto, gracias a los consumidores, que pagan 6,88 euros por derecho de autor, casi el doble que en Estados Unidos (3,78), por ejemplo (aunque Gran Bretaña y Francia tienen tarifas más elevadas).
Estas cifras reflejan la rentabilidad de gestionar obras intelectuales. De ahí que se hayan elaborado campañas alarmistas sobre los peligros de la red. Peligros sí los hay, pero también muchísimas posibilidades. Y Ahure se nutre de las nuevas tecnologías.
Todavía, a día de hoy, y tras todo lo presentado en este blog, muchos preguntan qué es Ahure y qué tiene que ofrecer. En primer lugar, es un gestor de contenidos multimedia -música, vídeo, imagen, libros-, que pretende garantizar a todos los cibernautas el acceso a su catálogo de forma gratuita. Hasta ahí, todo claro. Sí, existen muchos gestores, ejemplo de ello es Spotify -en el caso de las reproducciones musicales-, pero nos diferenciamos sustancialmente de estas plataformas.
Ahure tiene en cuenta a los autores; es decir, por pertenecer al catálogo recibirán la parte económica correspondiente (es más, nunca querrán irse del sistema, ejem). No hay trampa ni cartón. Si un usuario accede a lo que demanda, pocas ganas tendrá de piratearlo, ¿no es así?
“Si sólo el 5% de descargas a nivel mundial se realizaron de forma legal, la demanda, manifestada en el uso de la piratería, es muchísimo más alta que la oferta cultural existente. No se cubren las necesidades de los usuarios-.” (Extraído del dossier de Ahure).
En definitiva, que Ahure es la solución a la piratería. Sonará pretencioso, pero es la realidad -le guste o no a ciertas entidades-.
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Quizás por ignorancia o desconocimiento, muchos autores y artistas han “disparado” durante años contra su propio público. Un público que para ellos se subdivide en dos clases: los que adquieren legalmente su obra y los que la descargan gratuitamente lucrando a terceros. Los primeros son los que mantienen el precario mercado discográfico; mientras que los segundos se aprovechaban del vacío legal existente hasta hace muy poco.
No obstante, la industria discográfica, inocente ella, piensa que la solución para frenar la caída libre de sus ventas de CDs y DVDs reside en la limitación de la distribución ilegal en la red. Y por pedir que no sea. Exigieron medidas legales al Gobierno, quien les correspondió abogando por “regular” la red española. Pero no es suficiente, dicen.
Ahora también quieren que se multe a los usuarios que se descargan ficheros, es decir, aquel público -fans o no- que disfruta de sus obras sin haber pagado por ellas. No son los que piratean la obra, pero sí la utilizan al bajarla de la red. Por tanto, la industria cree -entiéndase SGAE o discográficas- que si prohiben la descargas de ficheros, fomentarán que los usuarios adquieran -obligatoriamente- obras de forma legal. ¿En serio creen que una persona a la que no le gusta pagar por escuchar música, lo hará porque limiten el acceso a la cultura?
Craso error pensar que se puede poner trabas técnicas a la difusión de obras sujetas a derechos de autor. Actualmente, asistimos a una devaluación de los contenidos; una devaluación que será aprovechada por los proveedores de Internet que intentarán sacar partido de una situación tumultuosa para creadores y usuarios.
Y afirmamos, rotundamente, que dicha situación afecta a ambos colectivos por igual. Si las telecomunicaciones se convierten en el feudo de algunos proveedores, poco espacio quedará para la creación artística, la opinión y el libre pensamiento. Es correcto pagar por las infraestructuras, pero nadie tiene derecho a apoderarse de todo lo que circule por las autopistas de la información.
Resulta curioso leer las palabras de textuales de Ramón Muntaner, director del área mediterránea de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE), cuando cuando dice entender la ira de muchísima gente, pero que todo se debe al desconocimiento. Aunque, eso sí, están dispuestos a tener un debate técnico y a replantear las reglas del juego. ¿Seguro? (Leer mail SGAE).
Nunca nos cansaremos de repetir que el entorno digital precisa de una nueva concepción en materia de derechos de autor, ya que la propiedad intelectual cada día se infravalora más. Los escenarios digitales requieren de nuevas estrategias de planificación y distribución. ¿Y quiénes son los protagonistas reales de dichos escenarios? ¡Los usuarios! ¡No se puede “disparar” al público!
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Las pequeñas y medianas empresas del sector discográfico han presentado un escrito tanto al Ministerio de Presidencia como a los Ministerios que componen la Comisión Interministerial creada por el Ejecutivo para acabar con la piratería, para exigir medidas más efectivas ya que, desde el año 2006, han visto reducido su volumen de negocio en un 65%.
A pesar de la aprobación de la “ley antidescargas”, este sector se siente indefenso; un sector que ha visto cómo 800 establecimientos han cerrado sus puertas y más del 40% de sus empleados han engrosado la lista del paro. Las empresas que han suscrito este escrito son las siguientes: Blanco y Negro Music, Discmedi, Distribuciones Disclub, Fonogramas Metropol, Ok Records, Pias Records Spain, Popstock, Producciones Blau, Bcore Disc, Columna Música, Gorvijac Music, Kasba Music, K-Industria Cultural, Meta Network, Música Global Discográfica, Open Records y Picap.
Entre sus exigencias, solicitan que España adopte medidas similares a las impuestas en Reino Unido, Francia y Suecia, al considerar que la Disposición Final Primera del Anteproyecto de Ley de Economía Sostenible es insuficiente ya que no permite adoptar medidas civiles contra los usuarios que se apropian de material sujeto a derechos de autor -es decir, los usuarios que descargan los archivos-.
En definitiva, que han interpuesto un recurso contra la Administración, al considerarla responsable patrimonial de todos los problemas que ha sufrido el sector a consecuencia de la piratería.
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La música, el arte y el cine, etc., son un signo inequívoco de la necesidad de hombres y mujeres por interactuar con su entorno y expresar sus emociones. El apetito insaciable de los consumidores refleja que sin cultura no hay crecimiento personal.
No obstante, vivimos en una sociedad sobresaturada de contenidos -que no significa que sean todos de calidad-. A pesar de esta premisa, la oferta cultural no se adecúa a la demanda real. La piratería evidencia este voraz apetito, mermando la calidad de las producciones al tambalear el sistema económico en el que se apoya el capitalismo.
La doble lectura de este delicado equilibrio económico es la siguiente: no todos los individuos tienen acceso a la cultura ya que ésta depende de su capacidad económica. Pero, además, existe una razón subyacente: el actual concepto de propiedad intelectual. Es necesario aceptar la necesidad del cambio, ya que los nuevos escenarios, a razón de las nuevas tecnologías, así lo requieren.
Cultura Multimedia “Ahure” apuesta por el acceso gratuito a todos los contenidos, ofreciendo una estrategia de mercado adaptada al entorno digital y que garantice crecimiento económico de todos los agentes implicados. La piratería dejará de tener razón de ser y acabará desapareciendo. El golpe de gracia no la tendrá ninguna medida impositiva, sino la adaptación del mercado a las nuevas tecnologías.
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Eran previsibles las reacciones de los internautas ante la modificación de la disposición final que afecta Internet (sí, hablamos, para variar, del Anteproyecto de Ley Economía Sostenible), en las que destaca un llamamiento a la desobediencia, al considerar las medidas no como un medio para luchar contra la piratería sino un ataque directo a los derechos civiles. Una afirmación incendiaria, si cabe.
Según Javier Maestre, abogado experto en Propiedad Intelectual y Nuevas tecnologías y portavoz de la Asociación de Internautas, las medidas equivalen a un nuevo modelo de censura, coartando la libertad de expresión por la que tanto se luchó en este país. Asimismo, considera “ridículo” modificar leyes para clausurar 200 webs de enlaces (¿tan pocas son?). Tanto él como otros blogueros, juristas, expertos en Internet y grupos presentaron la plataforma “Red Sos-tenible”, en un intento desesperado de denunciar lo “insostenible” de esta disposición final.
Sin ningún tipo de consideración a los propietarios de obras intelectuales -entiéndase, autores, creadores, etc.-, hacen un llamamiento a la desobediencia. Incitan a todos aquéllos que tengan webs y blogs que inserten un buscador de enlaces. Sin duda, una revolución en la red. Veremos si es efectivo el llamamiento.
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¿Qué pretende Ahure? ¿Qué ofrece Ahure? Es bastante difícil poner en marcha un sistema innovador como el nuestro, si los organismos pertinentes se cierran en banda en vez de escuchar nuevas propuestas. Pero tampoco se quedan atrás los grupos de presión en Internet que dicen luchar por sus “derechos civiles”. Ambos bandos se obcecan en mantener una situación que, de por sí, es intolerable e incoherente económicamente para todas las partes. Queda dicho.
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Ayer saltaba a todos los medios de comunicación la noticia sobre la modificación del anteproyecto de Ley de Economía Sostenible, en su apartado referente a Internet, cuya modificación consiste en permitir el cierre de páginas webs sólo bajo autorización judicial. En pocas palabras, la Comisión de Propiedad Intelectual vigilará que no se vulneren los derechos de autor; denunciará cualquier tipo de actividad ilegal y, en un plazo de cuatro días, se deberá resolver el caso tras el juez haber escuchado a todas las partes implicadas.
Por tanto, los juzgados de lo Contencioso Administrativo de la Audiencia Nacional serán los responsables de, en tiempo récord, resolver todos los litigios relacionados con la propiedad intelectual. Sin duda, será una ardua tarea, pero las primeras reacciones del sector creativo han sido positivas sobre esta decisión, comunicada por Francisco Caamaño, ministro de justicia.
Sin embargo, las comunidades de internautas, aquéllas que habían creado y firmado el “Manifiesto por los Derechos Fundamentales de Internet”, continúan descontentos con la medida. Prosiguen en su defensa del libre acceso de la cultura, a pesar de que esta medida sólo afecta a los que se lucran con las descargas ilegales. Por su parte, la ministra de cultura, Ángeles González-Sinde, se encuentra satisfecha con la noticia, ya que esta medida es el punto de partida en su batalla contra la piratería.
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Aunque la noticia es buena para los autores y sus derechos, los usuarios continúan desconfiando y se sienten desprotegidos y, por supuesto, ignorados. Como hemos mencionado en reiteradas ocasiones, Ahure apuesta por todos los sectores que participan de la creación cultural. Y, entre ellos, se encuentran los usuarios, los internautas. Por ello, nos hemos puesto, una vez más, en contacto con el Ministerio de Cultura para contarles nuestra propuesta y, de esta manera, no dejar a nadie fuera. Confiamos en que esta vez nos escuchen.
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Los fotógrafos también padecen, en su día a día, la apropiación ilícita de su material. Utilizan Internet como herramienta de marketing y promoción de su obra, pero se encuentran siempre en la coyuntura de exponer su trabajo a sabiendas de que cualquiera puede descargar sus fotografías -sin su consentimiento- y utilizarlas a su antojo -sobre todo para uso lucrativo-.
Por ello, el colectivo opta, en muchas ocasiones, por utilizar baja resolución en la imagen que dificulte, en cierta medida, una edición posterior. También utilizan marcas de agua o firmas, desvirtuando el concepto de la instantánea. Pero estas medidas no son suficientes. Se sigue utilizando, en muchas cabeceras de webs, flayers y artículos comerciales, fotografías “robadas” y, por consiguiente, ahorrándose el coste de los derechos de autor.
También ocurre en revistas digitales e impresas, donde lo que prima es la imagen por encima del contenido. Los fotógrafos se sienten indefensos ante esta vulneración de sus derechos, siendo éste uno de los campos donde existe más vacío legal. Moralmente, están en todo su derecho a quejarse por el uso ilícito de su trabajo, ya que esto significa que no reciben retribución alguna. Evidentemente, esto dificulta su supervivencia en una profesión donde abunda el intrusismo y el plagio.
Ahure gestiona contenidos audiovisuales, y la fotografía pertenece a este amplio abanico cultural. Queremos que todo fotográfo reciba su correspondiente y justa compensación económica por su trabajo, y nuestro sistema lo hace posible. ¿Quieres saber cómo? info@ahure.com
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La fotografía pertenece a la Librería del Congreso, Washington (USA), y es Patrimonio Público.