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Como todo en la vida, la Red no iba a quedar exenta de ser objeto de diversas hipótesis sobre su futuro. Expertos en las nuevas tecnologías, que acaban convertidos en teóricos, profetizan qué tendencias adoptará el consumo de Internet. Quizás el mayor elucubrador es Google. El gigante de los buscadores prevé que, en tan sólo tres años, el acceso a la Red se realizará, principalmente, a través de los teléfonos móviles. Además, rechaza energéticamente la idea de que las redes sociales acabarán con las relaciones sociales. Todo lo contrario, según Google, fomenta el diálogo y ayuda en los negocios -esto de “diálogo” es el argumento estrella de la candidatura de Internet al Nobel de la Paz. Qué cosas…-.
Accesibilidad y conectividad móvil. Todavía muchos lo ven como una lejana e incómoda realidad. Lo que sí es una prueba irrefutable del poder de la Red es el cambio conceptual de la propiedad intelectual. Las webs streaming han abierto una interesante puerta al uso y disfrute de la cultura multimedia -es decir, audio y vídeo-; un salto cualitativo en nuestra calidad de vida. La comodidad, la posibilidad de que a golpe de clic disfrutemos de nuestra canción favorita, es una opción que los cibernautas están empezando a valorar.
Los que se mueven como peces en el océano de información ven como algo natural el aceptar el cambio, el avance tecnológico. Pero se ha demostrado que no es tan sencillo. El streaming lleva recorrido un tortuoso camino, muchas veces obstaculizado por los organismos que no veían las potencialidades económicas que ofrece este sistema de reproducción online. Ahora bien, no olvidemos que todavía gran parte de la población no tiene acceso a Internet. No somos tantos como parecemos -¿sabes que sólo el 6% de los tweets de Twitter son en español? Deberíamos ser más, pero contratar Internet no resulta barato en España.
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Telefónica se suma a los que abogan por regular cambiar las estructuras en las que se sostiene la red desde hace varios años. O al menos eso dejó caer Cesar Alierta, presidente de Telefónica, en una rueda de prensa celebrada ayer en Bilbao:
“Los buscadores de Internet utilizan nuestra red sin pagarnos nada, lo cual es una suerte para ellos y una desgracia para nosotros. Pero eso no va a poder seguir, es evidente, las redes las ponemos nosotros, el peering lo hacemos nosotros, los sistemas los hacemos nosotros, el customer care lo hacemos nosotros, el servicio post-venta lo hacemos nosotros, el servicio de instalación lo hacemos nosotros, lo hacemos todo… ¿Cuál es la estrategia de Telefónica? Eso va a cambiar…”.
Es decir, que Telefónica piensa cobrar a todas aquellas compañías (buscadores, principalmente) que generen beneficios en la red porque, según Alierta, las infraestructuras las ponen ellos. Por tanto, la compañía ampliaría su margen de beneficio, que ya de por sí es elevado -astronómico, mejor dicho-.
La pregunta clave es: ¿acaso Internet pertenece a Telefónica? ¿Qué pasa con ONO? ¿Qué opina el Gobierno al respecto?
“La inteligencia está en la red y las redes las tenemos nosotros”, añadió ni corto ni perezoso el presidente de Telefónica. Y decían que sólo “Google” tiene el “poder”…
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Bernardo Hernández, director mundial de marketing de producto del “imperio” Google, ha defendido a su empresa, de las acusaciones que dicen que el popular buscador fomenta la piratería, con las siguientes declaraciones: «el que determina si un contenido es de pago o no es el creador del contenido. [...] (Google) tiene un respeto muy escrupuloso por el derecho a la propiedad intelectual».
La compañía estudia la posibilidad de ofrecer contenido de pago y gratuito, apostando con fuerza por éste último. Google es consciente de que su principal fuerte es la inmensa oferta de productos, y limitarlos a suscripciones podría traer consecuencias a su rentabilidad -el 97% de los ingresos provienen del buscador-.
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A pesar de que el buscador de Google sea el principal escaparate de las páginas webs de enlaces; acusarlo abiertamente de fomentar la piratería puede llegar a sonar un tanto exagerado. Entendemos que los responsables continúan siendo los usuarios que se lucran a través de las descargas ilegales, utilizando la publicidad no sólo para costearse el dominio y el alojamiento, sino para obtener unos ingresos extras; asimismo, se aprovechan de un vacío legal que, en vez de solucionarse, se agrava con medidas ineficaces por parte de las entidades responsables.
Igualmente, tanto Google como Ahure -salvando las distancias, por supuesto- apuestan por ofrecer a sus usuarios contenidos gratuitos y de calidad (que lo barato no salga caro), a través de un renovado concepto de mercantilismo en la red.
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Fuente de las declaraciones | El periódico.
Foto | Blog marketing y ventas
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Los métodos para descargarse material “pirateado” son variados. Entre los más populares, destacan los programas P2P y las webs de enlaces -de descarga directa-. Precisamente, una de la más importantes, Rapidshare, ha sido demandada por una pequeña discográfica estadounidense que, además, no ha dudado en incluir en la denuncia a Microsoft y Google, por “permitir” -en sus buscadores- los enlaces directos a dichos archivos.
La discográfica ha declarado que sus esfuerzos titánicos por producir y promocionar sus discos en la radio se ven eclipsados por el negocio de este servidor -Rapidshare- que se lucra vulnerando la obra intelectual de otros (recordemos que este servicio ofrece tanto la descarga gratuita -velocidad y archivos limitados- y “premium” -si pagas una cuota tienes más velocidad y puedes descargar lo que quieras).
Según Rapidshare, su servicio consiste en la subida de archivos de sus usarios -como el Youtube- para compartir con toda la red; estos archivos deben ser propios o tener los pertinentes derechos de autor. Si algún usuario viola estas condiciones legales, su cuenta y archivos son inmediatamente borrados. No obstante, la demanda sostiene que esto no se cumple y que la empresa es consciente de cuál es el volumen de su negocio basado en la piratería.
En el caso de Google y Microsoft, éstas se ven beneficiadas por el importante tráfico de usuarios en búsqueda de contenidos gratuitos. Según la discográfica, ambas podrían bloquear el acceso a estas webs pero han optado por no hacerlo.
Fuente | La Vanguardia
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¿Qué te parece la decisión de esta discográfica de demandar a estos tres gigantes de la red? ¿Consideras coherentes sus argumentaciones?